Miedo y Ansiedad

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Sandra Sassaroli y Robert Lorenzini son unos autores Constructivistas que hablan sobre la generación de fobias y miedos. Sus teorías son la base de nuestro trabajo dentro de las terapias de grupo para la fobia social así como en nuestras intervenciones para dar sentido a la génesis del miedo en nuestras biografías. También puedes profundizar más en sus teorías en el artículo que hicimos sobre la evitación en la fobia social.

En este artículo le compartimos un extracto de su libro “Miedo y Fobias. Causas, características y terapias” en donde hacen una definición sobre el miedo y la ansiedad, que muchas veces se presentan conjuntamente pero que tienen sus diferencias, y por tanto sus intervenciones particulares.


“Las fobias son en la actualidad muy corrientes y a pesar de no ser una patología psiquiátrica grave le dificultan la vida a muchísimas personas que viven en una especie de jaula construida por ellos mismos, sin ver una posible vía de salida. […]

Las fobias son la exageración de una experiencia común a todos los seres humanos: el miedo. pero mientras el miedo ayuda a prevenir y enfrentarse a los peligros y, por lo tanto, tiene un significado adaptativo para el individuo y la especie, las fobias no son desencadenadas por un peligro real y externo, sino por un hipotético peligro interno que acompaña siempre al individuo y bloquea el desarrollo de su existencia. el miedo fóbico no protege la existencia, sino que la coarta, la limita, la anula: por el temor a morir, una persona acaba no viviendo.

El miedo es producto de la evolución. Esto significa que una especie animal que no fuera capaz de experimentar miedo se extinguiría rápidamente porque no se podría percatar inmediatamente de los peligros y reaccionar a tiempo. Por lo tanto, tener miedo es algo necesario; como lo es también ser capaz de experimentar dolor, que es la señal indispensable que nos indica que algo nos está dañando y que es preciso encontrar rápidamente el modo de defenderse. El miedo aparece antes del dolor, puesto que es producido por la anticipación de que se producirá un posible daño en un futuro inmediato, aunque aún no se haya producido. Por lo tanto, es la alarma roja que se enciende para señalarnos la inminencia de un daño y del dolor consiguiente.

En realidad no se trata solamente de una alarma, el miedo hace mucho más que señalar simplemente un peligro: prepara al organismo para afrontarlo de la mejor manera posible a fin de no perecer. La sensación subjetiva de miedo no precisa de descripciones detalladas, puesto que no existe ser humano que no la haya experimentado alguna vez en su vida. En general se considera al miedo como una emoción desagradable, sin embargo, algunas veces lo buscamos activamente porque conlleva una “descarga de adrenalina” que nos hace sentir especialmente vivos (así se explica la atracción por las películas de horror, las diferentes formas de ruleta rusa de los jóvenes aburridos, y en general, la búsqueda de situaciones de riesgo)

Ansiedad: El miedo sin peligro

Si experimentamos la reacción de alarma que acabamos de describir porque un perro feroz nos persigue […] todo el mundo estaría absolutamente de acuerdo en definirla como miedo, en considerarla comprensible y natural y en no hacer nada para eliminarla.
En cambio, si la misma activación fisiológica, o incluso mayor, acompañada tal vez de la reacción comportamental de huida, se manifiesta ante la idea de cruzar una plaza, entrar un ascensor, o en el momento de invitar a cenar a una chica o pedir un aumento de sueldo al jefe, entonces se hablará de ansiedad, porque para la mayoría de la gente no se trata de situaciones peligrosas en las que esté justificado sentir miedo.

La ansiedad es una reacción de miedo frente a un acontecimiento desencadenante que “normalmente” no se considera algo que provoque miedo. La personal que lo experimenta no es capaz de explicarlo, incluso la juzga como algo injustificado e involuntario y termina considerándolo como una enfermedad, o bien como un aspecto del carácter del cual hay que librarse.
Pero eso es solamente lo que aparece en un examen superficial. Con un análisis más profundo emerge el verdadero motivo por el que aquel hecho inocuo es vivido como algo extremadamente peligroso, que justifica sobradamente la reacción de miedo: Cuando va a cruzar la plaza, la persona se imagina que caerá desmayada al suelo y quedará a merced de los transeúntes, el ascensor le hace imaginar la posibilidad de quedarse encerradx y morir asfixiadx, la chica a quien invita a cenar y el jefe a quien pide un aumento le hacen anticipar un posible rechazo y las consiguientes burlas de los demás […]

Con esto se puede sacar una conclusión: no son los acontecimientos externos, cualquiera que sean, los que desencadenan la reacción de miedo, sino lo que nosotrxs pensamos sobre éstos, en particular la valoración que hacemos de nuestra capacidad para hacerles frente. […]

Fuente: Miedo y Fobias. Causas, características y terapias. Sandra Sassaroli y Robert Lorenzini

 

 

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