Necesidades humanas, más allá de Maslow

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A raíz del taller de Comunicación y Asertividad que dimos en diciembre, surgió el concepto de las “necesidades” como eje de la interacción entre personas y vimos muy adecuado darles un espacio en un artículo. Porque, ¿sabemos qué son o quizás las confundimos con el deseo? ¿Cuales son? ¿Como conecto con ellas? ¿Qué papel tienen en nuestra vida y cómo influyen en nuestras relaciones? Estas y otras cuestiones van a ser respondidas en este artículo.

Hablando sobre las necesidades, no podemos obviar nombrar a Abraham Maslow y su jerarquía de las necesidades humanas, en dónde las clasificó en una escala dependiendo de su importancia a nivel vital. En contraposición a ésta línea, aparece el trabajo de las necesidades humanas fundamentales postulada por Max-Neef, Elizalde y Hopenhayn (el ya desaparecido grupo de CEPAUR), en consonancia con una visión menos capitalista y menos consumista. La primera aportación de éste grupo al concepto de necesidad lo encontramos en la distinción entre las necesidades y sus satisfactores, ya que popularmente se suelen confundir y considerar lo mismo.


¿Qué es una necesidad?

Si buscamos la etimología vemos que proviene del latín “necesse”, en dónde “ne” es no y “cesse” significa marcharse, desligarse. Entonces, la raíz de necesidad significa “algo de lo cual no puedes desprenderte“. A modo de ilustración, en latín “necessarius” es un pariente de sangre, del cual por ley no podían desligarse.

Busquemos ahora qué dice la RAE al respecto. Por un lado hace referencia a una relación dependiente de causa-consecuencia, en la cual es necesario que ocurra A para que ocurra B. La segunda definición apela al carácter inexorable de las necesidades, siendo éstas algo que no podemos evitar, controlar, sin las cuales no podemos vivir. Podemos decir, que es la sensación de falta de algo considerado imprescindible, es la evidencia de su carencia y esta unida estrechamente a la voluntad de satisfacerla, ya que no satisfacerlas produciría consecuencias negativas significativas.

Hace falta ahora diferenciar dos aspectos muy importantes: la necesidad y el deseo. La necesidad es lo que nos mueve, el impulso para actuar hacia la obtención de ciertos objetivos; los deseos que tenemos son la herramienta con los cuáles vamos a satisfacer a las necesidades. Es decir, los deseos son la manera en que concretamos y cubrimos nuestras necesidades. Por ejemplo, cuando decimos que tenemos la necesidad imperiosa de comer dulces, nos referimos a un deseo. Éste puede apelar tanto a la necesidad de subsistencia (alimentación), o quizás este deseo está dirigido hacia cubrir otras necesidades y es a través de comer dulces que las calmamos por unos momentos. La prevención en salud responde a una necesidad de protección; el arte a una necesidad de creación. Cómo satisfacemos nuestras necesidades está estrechamente ligado con nuestra cultura y sus valores, incluso hay autores que afirman que las propias necesidades están firmemente determinadas por el marco social al que pertenecemos.

John W. Atkinson Van Nostrand (1923-2003) nos habla del término motivo (asociado a motivación), con ánimo de evidenciar el carácter potencial de las necesidades:”(…)no implica que la activación y dirección de la conducta está necesariamente vinculada a condiciones de deprivación.” (Atkinson 1958: 596). Por ello pueden darse situaciones en que tengamos la necesidad de hacer algo, pero no siempre debido a una sensación de carencia, más bien enfocado en querer crecer y aportar a nuestras vida.

Aquí llegaron Max-Neef, Elizalde y Hopenhayn con la aportación de que la necesidad es carencia y potencia a la vez. Por un lado, nos da la sensación de falta de algo y por el otro, llegan a ser un recurso que nos moviliza, ya que, por ejemplo, la necesidad de participación también es el potencial para participar y la necesidad de afecto puede ser el potencial de afecto. Ambos conceptos (carencia y potencial) coexisten en nuestras necesidades y dicen mucho de nuestro motor y de qué nos va a llevar a sentirnos satisfechos y llenos con la vida que llevamos. Además, este grupo de expertos ha remarcado la existencia de necesidades no materiales, las definen como necesidades existenciales, las cuales apelan a nuestra persona y son satisfechas por acciones que no son reducibles a consumir.

 

¿Qué necesidades hay?

Son muchos los autores que han querido delimitar una lista de necesidades. A continuación os dejamos una lista, si bien no está contrastada científicamente, consideramos que es bastante acertada debido a su amplitud y concreción:

  • Subsistencia: abrigo, aire, alimentación, reposo, luz,…
  • Seguridad: confianza, armonía, paz, protección, apoyo,…
  • Libertad: autonomía, independencia, emancipación,…
  • Identidad: coherencia, afirmación, pertenencia con iguales, autenticidad,…
  • Participación: contribuir al bienestar, cooperación, conexión, interdependencia,…
  • Realización: expresión, creación, aprendizaje, evolución,…
  • Recreación: desahogarse, juego, entretenimiento, reponer energía,…
  • Relacionales: pertenecer, atención, empatía, intimidad, afecto…
  • Sentido: claridad, comprensión, discernimiento, transcendencia,…
  • Celebración: apreciación, compartir alegrías y penas, reconocimiento, gratitud,…

 

¿Cómo conecto con mis necesidades?

La cuestión es que muchos de nosotrxs no sentimos las necesidades directamente, más bien tenemos sentimientos debido a su carencia y es eso lo que notamos, notamos que algo falta, como una necesidad urgente e imperiosa que no sabemos situar bien bien. Cuando nuestras necesidades no están cubiertas, puedo sentir ansiedad, enfado, tristeza, confusión, desorientación, preocupación, desesperanza y un largo etcétera. Además, seguramente tendamos a calmar esos sentimientos con el consumo de cualquier tipo: comida, compras, drogas, ocio, sexo,…

Para llegar hasta ellas, hace falta potenciar nuestra capacidad de explorarnos, de indagar qué hay más allá de la emoción. Aquí, la gestión emocional es esencial para poder pasar a través de ellas, no aferrarnos e ir desenmarañando los sentimientos, separando los deseos, peticiones y juicios de las necesidades y acercándonos a éstas últimas. La conexión con unx mismx, la autoexploración y la gestión emocional son los ingredientes básicos del proceso por el cual podremos observarlas y reconocerlas, proceso el cual va cogiendo agilidad a medida que lo potenciemos. La cuestión recae en que si nos gestionamos adecuadamente los sentimientos que tenemos, ellos nos conducirán a las necesidades y es entonces dónde podremos actuar conscientemente e intencionadamente en coherencia, transformándolos en conductas, acciones, cogniciones o emociones que realmente las satisfaga. Y si no fuera el caso, ¡siempre podemos volver a revisarnos!

Muchas veces en terapia vemos como las personas nos enredamos en ilusiones que nunca se cumplen, por ejemplo, cuando esperamos que los demás actúen de cierta manera para aportar a nuestra necesidad. Sin irnos a extremos, quisiera ilustrar como lo que esperamos es debido a una necesidad propia (juntamente con otros aspectos) y nos encontramos dando por hecho que va a actuar de cierta manera y a hacer ciertas cosas para cubrir mis necesidades. Sin entrar, para nada, en debatir cuáles son lícitas y cuáles no, sí resulta interesante pararnos a pensar como en este proceso a veces nos dejamos a merced de la otra persona, lo que conlleva un sentimiento de vulnerabilidad, que puede ser insoportable y activar ciertas emociones (“ira”, por ejemplo), pensamientos (“no es justo”), acciones (“me enfado”), si ésta no hace lo que esperamos que haga, sentimientos por cierto que seguramente cubran nuestra necesidad de protección delante la actuación de la otra persona.

Como decía Marshall Rosenberg, “la única necesidad para cuya satisfacción necesitamos a los demás es la de contribuir
a su bienestar. El resto depende solo de nosotros.”

 

¿Eso nos convierte en la única persona capaz de aportar a nuestras necesidades?

 

Claramente, no. No estamos haciendo apología del individualismo ni cayendo en el discurso de “es tu historia, yo me desentiendo de ella”. Muy lejos de este, en nuestras relaciones puede existir cierta coresponsabilidad hacia qué necesitamos ambos, incluirlo, hacernos cargo en cierta medida cada cual de lo propio y de lo ajeno, aportarnos eso necesario y cuidarnxs por ahí. Entonces, si en mis relaciones conecto con mis necesidades y con las de la otra persona (suponiendo una díada), ¿qué ocurre? Que aparecen todo un mundo subterráneo de necesidades, suyas y mías, y una combinación casi infinita de maneras de cubrirlas.

Imaginaros como se vuelve todo bajo este prisma, ya que incluso seria coherente con nosotrxs mismxs si la necesidad de vínculo fuese tal que nos llevase al deseo de satisfacer completamente la necesidad del otro. Entonces ocurre que cubrir ésta primera pasa por encima de todas las demás que tengamos, cosa que hará que no nos sintamos satisfechxs. Se tratará, entonces, de encontrar otras maneras de satisfacer mi necesidad de estar vinculada sin que ésta anule las demás, en un acuerdo compartido, en que la multitud de necesidades en juego estén satisfechas.

Aún así, antes de resolver mis relaciones interpersonales, es interesante resolver la que tengo conmigo misma. Cuando nos hacemos cargo de nuestras necesidades, nos adueñamos de la capacidad de satisfacerlas y eso nos lleva a un locus de control interno, con el cual podemos empezar a movilizarnos para conseguir aquello que deseamos. Ocurre entonces que me tengo en consideración, puedo plantear mis necesidades en una relación, me convierto en la artífice de mi vida, pudiendo ser muchas veces acompañada por personas que me aporten.


“Una revisión crítica del debate sobre las necesidades humanas desde el enfoque centrado en la persona”. Antonio Elizalde, Manuel Martí Vilar y Francisco Martínez Salvá

“La ética del cuidado y Carol Gilligan: una crítica a la teoría del desarrollo moral de Kohlberg para la definición de un
nivel moral postconvencional contextualista* MARIA MEDINA-VICENT.

“El Coaching y la Comunicación No Violenta”. Gema Vidri, Susana Olibarri, Mónica Gracia, Natalia Viñolo, Loreto Laguna,
Coaches Certifi cadas ACC y Socias de ICF España

 

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