Manual del buen Poliamor IV

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El dilema entre satisfacer mis necesidades o las de mis vínculos

Uno de los temas que más conflicto suele traer en las no monogamias es cuando nos vemos dentro del dilema de cuidar o de hacer lo que deseo (cuando esto conlleva que la otra parte no se sienta cuidada) y son situaciones en las cuales tomar una decisión implica excluir a la otra. Cabe decir que esto se da en cualquier vínculo que estemos manteniendo, ya sea de amistad, laboral o familiar, cada cuál con sus particularidades del contexto propio, pero en éste lo vemos especialmente recurrente cuando se está abriendo una relación sexoafectiva y es por ello que queremos detenernos a aquí.

Como ya se ha dicho en el primer artículo de esta saga, no hay un manual correcto, una varita mágica o una solución rápida y certera a estas situaciones. Lo que si existe es un trabajo de deconstrucción propia para ir a ver qué de mí estoy aportando a la problemática, cómo poder trabajármelo para crecer (tanto yo como mis relaciones) y acabar sintiéndome bien y coherente con mi vida, que al final es un poco lo que todes andamos buscando.

Nos gustaría aportar en este punto del trabajo personal, para facilitar que realmente se dé este proceso y no nos quedemos solamente en el discurso. En los siguientes artículos vamos a hablar sobre estas dos posiciones tan comunes, aunque no por eso estamos diciendo que son las únicas (por suerte) ni por ello decimos que sean homogéneas o absolutas. El cómo estas dos posiciones se expresen ya forma parte de las idiosincrasias de cada personas y díada, así como de las relaciones que les rodea, sus historias con la familia de origen, la cultura, los introyectos, etc.

Lo que sí vamos a hacer es aportar conceptos, sugerir caminos, hacer reflexiones, aclarar procesos vivenciales, para que de esta manera cada une inicie su propio camino: ir deconstruyéndose poco a poco tanto la necesidad de libertad para cumplir mis deseos, por un lado, y la necesidad de ser cuidade por el otro lado.

Necesidad de libertad

En estas situaciones suele ocurrir que si decido cuidar y no llevar a cabo mis deseos, puede aparecer en mí un sentimiento de opresión por haberme reprimido y puedo acabar viéndome como prisionere de la relación; por el otro lado, decidir hacer lo que deseo suele implicar exponer a la otra persona a un sinfín de emociones y dolores internos, con lo cual estamos dañando a alguien querido y eso, tampoco lo deseamos. Es en ese momento en dónde no sabemos qué decisiones tomar, cómo hacer para satisfacer todes las necesidades y nos vemos en este entramado del que no es fácil salir.

En nuestra vida nos encontramos muchas veces con esas ganas de ser libres, de poder hacer y deshacer sin estar condicionades por otras personas o situaciones, percibir que vivimos sin límites y que somos nosotres quien decidimos qué hacer con nuestra vida y en nuestros vínculos, con lo que nos lleva a poder satisfacer nuestros deseos, necesidades, voluntades y aspiraciones. Estos deseos pueden ser de varios tipos, ya sean personales, relacionales, materiales, sexuales, vivenciales, existenciales,..

Para deconstruirnos esta vivencia en nosotres, os proponemos el siguiente camino: ir a ver de qué manera yo he vivenciado este concepto (de libertad) para luego ir a ver cómo lo tengo interiorizado. Nosotras trabajamos con la idea de que nuestra persona se construye dependiendo del entorno que haya tenido (incluyendo el relacional, familiar, social, cultural, histórico,…), por lo que no podemos desligarnos de nuestras vivencias y de sus efectos en mí. Eso si, ¡sin llegar a ser deterministas!

Para indagar en la manera en que se tiene interiorizada la libertad, hace falta, primero, remitirnos a nuestra historia personal. De esta manera, la cuestión será ir a ver de qué manera he vivido yo las situaciones dicotómicas en que se han puesto en oposición mis necesidades y las de los demás:

¿He podido decidir hacer lo que yo deseaba sin restricciones ni opresión o me he visto obligade a resignarme y ceder ante el deseo de los demás, de una forma totalmente sometida?

En este punto no podemos (ni debemos) olvidarnos de la perspectiva de género. Normalmente, la gente identificada como hombre suele tener un mandato muy claro y contundente en este concepto: eres libre. Con ello lo que suele pasar es que se han vivido muchas situaciones en que se le ha permitido, incluso se le ha empujado a cumplir sus deseos sin ninguna otra consideración. Entonces, dadas estas situaciones una y otra vez, mi experiencia mayoritaria va a ser la de poder cumplir mis deseos, conseguir aquello que quiero y considerarlo incluso un derecho propio. En cambio, en el caso de las personas identificadas como mujeres solemos tener más el mandato de cuidar al otre por encima de nuestros deseos y tenemos más experiencia en esto de postergar la consecución de nuestros deseos, resignarnos en pro de la relación, descentrarnos de nosotras y volcarnos hacia la otra persona,…

Llegades a este punto, hace falta hacer un parón para asimilar de qué manera yo he vivido la libertad, para ver desde dónde actúo mis dinámicas, teniendo en cuenta mis referentes, mi historia, los roles de género,… cómo es que elijo «libremente» hacer una cosa y no la otra. Me remito a mi historia y a todas las vivencias que tuve con mis referentes, en dónde podré ver cómo ésta está relacionada a la posición en que suelo ponerme en estas situaciones (¿enseguida renuncio a mis deseos o lo primero que hago siempre es defenderlos?). Aquí, si realmente somos honestes con nosotres mismes y nos atrevemos a mirar aquello que no nos gusta de nosotres, suele aparecer el «darse cuenta», las cosas cobran sentido, nos daremos cuenta de cómo éste constructo está construido en mi, evidenciando que no es algo casual que lo viva de la manera en que lo vivo.

Por otro lado, hay cierta reflexión que puede aportar al proceso, viendo, por ejemplo, que la libertad de acción no es más que dinámicas aprendidas y grabadas a fuego y te das cuenta de que en realidad lo que tu considerabas «libertad de hacer lo que quisieras y responder a tus deseos» está totalmente sometida a mi construcción. Aquí surge la gran pregunta, porque: ¿hasta qué punto somos realmente libres? Es decir, teniendo en cuenta la multitud de condicionantes sociales, culturales e interpersonales que nos atraviesan, ¿en qué medida estoy realmente decidiendo en libertad?

Se ha de tener en cuenta que usamos el concepto de libertad como falta de sujeción y/o subordinación o como dice la RAE, «condición de quien no es esclavo», como si yo pudiera elegir libremente cualquier opción de este mundo y no estuviera atravesada y sujeta por los aspectos antes mencionados. Realmente, y no sé si es solamente nuestra historia mental, en Indagora coincidimos en que esto de la libertad es una pantomima que nos vendieron en algún punto de este capitalismo neoliberal para hacernos creer que somos dueñes de nuestras vidas, mientras sin darnos cuenta nos bombardeaban y nos condicionan al más puro estilo «Un mundo feliz». Es como la metáfora de la cueva de Platón, como si estuviéramos anonadades con las sombras sin darnos cuenta que esa no es del todo la realidad.

Pero entonces, qué pasa con esto de tener libertad?

Es más, para qué serlo? A caso podemos liberarnos de nuestra dependencia a la comida, al agua, al calor o al descanso? Por que ese rechazo al vernos dependientes? Y volvemos otra vez a este discurso que tanto ha calado en nosotres, el neoliberal. Rechazamos vernos dependientes porque siempre nos han dicho que lo mejor es ser independiente, libre, que es ahí donde encontraremos el bienestar, la felicidad (véase la foto y pensemos en qué me inspira) y en dónde podemos realizarnos como personas, en contraposición a ser dependientes, que se asocia a ser débil, incapaz, insuficiente, vulnerable, ¡incluso perjudicial! (ojo aquí, si yo he tenido estas experiencias, es otro tema, aquí ya estamos hablando sobre cómo socialmente se ha construido éste concepto).

Esto son otra vez las sombras de la caverna de Platón, igual que con los discursos de «sé tu misme», «eres único», «sé feliz»… Pero sin desviarme mucho del tema, está claro que este neoliberalismo nos graba a fuego la idea sacada de este articulo de que «(debemos) evitar toda dependencia para mantener(nos) disponible a las mutaciones (de nuestros) propios deseos». Nos venden esta apología hedonista en donde lo que yo deseo está por encima, incluso, de mis relaciones más significativas. Y ojo aquí, no es algo consciente o racional, sino que está inmerso en mi yo más nuclear, forma parte de quién soy, ya que cuando veo que no tengo esa libertad, reacciona esa parte más visceral (me enfado, me bloqueo, ataco, me resisto, huyo,…) para recordarme esa creencia que tengo grabado a fuego en mi estructura. Nos venden el modelo productivo de suficiencia/independencia, con mensajes de yo puedo con todo y estas cosas de no necesitar a nadie y eso de «no debo depender de nadie», incluso asociando esto último a algo malo e indeseado.

Entonces, ya sea porque me lo han repetido hasta la saciedad en una cultura neoliberal, o como una respuesta de rebeldia ante un sistema normativo opresivo en mi familia o como una forma de recibir atención y amor en mis vínculos o sencillamente por una falta de otros referentes o por lo que sea (hay tantas opciones!), mi tendencia será actuar de acuerdo a cómo lo he interiorizado: resistirme a esa posición de dependencia y luchar por conseguir mi «libertad» o, por el contrario, voy a ponerme fácilmente en esa posición, porque nunca me atreví a desatender las necesidades de los demás. ¿Os resuena alguna de las dos? ¡A nosotras mucho!


¿Y qué alternativas pueden existir?

¡Esto lo estamos construyendo entre todes! Una vez hecho este trabajo, haber dejado tiempo para asimilar y ver cuánta verdad hay en ello para mí, viene la parte de construir la alternativa al ser independiente. Es por ello que cuando encontramos la idea de autonomía dentro de la teoría del desarrollo moral de M. Villegas, nos cuadró mucho más, ya que propone trabajarnos para desarrollar la capacidad de integrar tanto las propias necesidades y deseos, como las de los demás. Es la capacidad de decidir por mí (incluso cuando decido cuidar al otre), desarrollar una norma interna, propia, que implique tanto el mundo interno como el mundo externo, es decir, el desarrollo de la autonomía pasa por hacerme valer mis deseos y necesidades, valerme por mi en la medida que pueda y a la vez incluir e integro el mundo de afuera y las necesidades básicas humanas que tenemos con respecto a pertenencia… Sin dolerme en el camino.

También existe el concepto de ser inter-dependientes, en dónde nos relacionamos desde la autonomía y aceptamos que somos dependientes entre nosotres, sin que esto me suponga ningún malestar o ataque mi autoconcepto. Aquí reconocemos que a veces yo sola puedo, sí, pero quizás no siempre ni para todo,  Aquí tengo que ver cómo me vulnerabilizo con ellos, pero esto ya da para otro artículo!

Una vez hemos hecho el camino antes mencionado, he visto cómo está interiorizada en mí esta idea de libertad, porque me aferro  o me la niego tanto, me he trabajado qué dolores me atraviesan debido a las vivencias que he tenido en mi vida, etc. puedo empezar a construirme el alternativo, el que va a llevarme a vivirlo de otra manera y co-construir otro tipo de vinculación.

Este (o uno parecido) es el proceso de trabajarnos y deconstruirnos, para ir hacia una construcción más coherente con mis valores éticos. En el siguiente artículo hablaremos sobre qué ocurre cuando estamos en la posicion de ser cuidade, ¡no te lo pierdas!

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