Manual del buen Poliamor I

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Estamos transitando en una sociedad de cambios y cada vez son más las personas que empiezan a cuestionarse otras formas de vivir la vida, somos más las personas que empezamos a darnos cuenta de que los conceptos con los que nos enseñaron que definiéramos el mundo no nos están encajando del todo en nuestro anhelo de vivir. Y empiezan a surgir (desde hace años ya) feminismos transversales, activismos sociales abanderando las diversidades, de-construcciones de mitos del amor romántico, crítica hacia un sistema capitalista y heteropatriarcal… Estamos levantándonos pidiendo cambios, y las relaciones sexo-afectivas están también en el punto de mira.

Tal y como decíamos en nuestro videoblog sobre no-monogamias nos estamos dando cuenta de que el poliamor es una palabra que en los últimos años está cada vez más en auge y de moda, muchos son ya los artículos y los libros que lo nombran, intentado descubrir sus claves. Muchas son ya las personas que se han lanzado a debatir acerca de las no-monogamias en videoblogs y grupos en las redes sociales, e incluso algunos programas se han dedicado a hablar de ello. A la vez que esto ocurre, nos encontramos en terapia a varias personas que vienen con dilemas de este proceso de de-construcción, buscando guías y formas de poder «practicar el poliamor«.

Es en este último punto donde queremos detenernos hoy.

La necesidad de guías para funcionar diferente

La cultura y la sociedad a través de la educación nos van dando ciertas guías (acorde a unos valores) de cómo sería óptimo que nos comportáramos, y en este proceso nos van enseñando y sobretodo, dirigiendo, a una estructura estable para vivir, para encajar en el modelo. Tal y como dice el psicólogo y catedrático Manuel Villegas en su libro El error de Prometeo: «el ser humano carece por naturaleza de estructuras de regulación moral que vayan más allá de los instintos, que no son suficientes para garantizar su comportamiento social y personal, estas estructuras se originarán en interacción con el mundo social en el interior de una matriz cultural determinada»

Las personas necesitamos una estructura para poder movernos en la vida, como unas guías de comportamiento. Cada persona tendrá su propia guía interiorizada, en la forma en la que va interiorizando los mensajes que vienen de fuera (vamos creando nuestra propia simbología, compartida y compartiéndola en una sociedad). Nos creamos un manual del «buen vivir«, que nos irá garantizando coherencia en las cosas que hacemos y los proyectos que abarcamos.

Esta estructura es vital, la incertidumbre es muy ansiosa y nos produce mucho malestar no tener el control ni saber por dónde tirar. Es precisamente la dificultad para aceptar lo incierto lo que conduce a utilizar estrategias de control (¿les suena esa necesidad de tenerlo todo controlado para sentirnos segurxs? y la ansiedad que nos produce a veces no poder predecir lo que va a pasar, y los eternos ¿y si….?). Creemos que controlando vamos a sentir más seguridad en la vida, saber siempre qué va a pasar, racionalizar todo, volvernos rígidos en esquemas para que nada se nos escape… Necesitamos ese proceso mental, pero al refugiarnos solamente en esta dinámica caemos en guías con normas para el buen vivir rígidas que a veces no siempre nos hacen bien.

 

 

George Kelly (1955) el psicólogo fundador de la terapia constructivista, estableció un postulado fundamental “Los procesos de una persona se canalizan psicológicamente por la forma en que anticipa los acontecimientos”. Esto implica que todas las personas buscan entender, predecir y controlar el curso de sus vidas. “Desde este punto de vista los síntomas significan algo, representan preguntas urgentes pero generalmente embrolladas sobre qué puede esperar uno de sí mismo y de los demás” (Neimeyer, 1987)

Al romper esquemas de amor romántico, sistemas capitalistas, heteropatriarcado y monogamias nos vemos a la deriva de todo un mundo por construir sin referentes, tiramos abajo viejos moldes y nos encontramos con una hoja en blanco, con muchas cuestiones que no sabemos donde encajar ni darles respuestas con lo aprendido hasta la fecha, ¿Y ahora qué? ¿Cómo hago yo para tener una estructura correcta fiándome solamente de mi? ¿Esto es para mi? ¿Cómo se vive esto? ¿Y qué se hace con las emociones?… Nos abruman tantas preguntas que hasta nos planteamos que mejor no deconstruimos nada, que la agonía es muy grande.

Las crisis nos llevan a los cambios, como decía Albert Einstein «Es en la crisis cuando nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’». Ante tantas cuestiones y replanteamientos de lo aprendido es donde pueden empezar a surgir búsquedas de nuevas guías, poder encajar, adaptarnos, volver a controlar y así predecir lo que va a pasar.

¿Cómo se empieza a ampliar la perspectiva e introducir nuevos conceptos? ¿Dónde encontramos estos referentes?

Los encontramos en las reflexiones de otras personas, en libros, artículos, programas de televisión, tenemos sed de saber para poder practicar otras cosas, y como no tenemos ni idea nos agarramos a lo primero que vamos encontrando.

El poliamor, el nuevo remedio quitagrasas

Es en este momento, donde aparecen lo que se conocen como las biblias del poliamor, fórmulas milagrosas (como el remedio quitagrasas) que aplicar para poder comportarnos divinamente en esta nuevas prácticas. Empiezan a salir los «debes hacer esto», «no sientas esto», «todo es cuestión de hacer X«. Y así, en nuestra búsqueda ansiosa de un referente y caminito a seguir para no perdernos, nos salimos de un esquema rígido monógamo para entrar en otro esquema, presuntamente rígido, de no-monogamia, porque claro, el Opening Up y Ética promiscua dicen que tengo que hacer esto y esto para que mi relación poliamorosa sea ética y vaya bien… pero uff, qué difícil me parece, eso es que no soy un buen poliamor.

Que no quiero decir que no sirvan esos libros, recuerden que necesitamos referentes, lecturas que nos ayuden a replantearnos, cuestionarnos, pensarnos. El problema es cuando los cogemos al pie de la letra, sin cuestionar nada desde donde están escritos y empezamos a intentar forzar la pieza para que encaje en el puzzle.

Recogiendo reflexiones de la gran Brigitte Vasallo: el método que estamos usando para «hacernos poliamor» es el de la letra con sangre entra. Es a base de forzarnos, racionalizarnos e intelectualizar los deseos y las emociones (que por lo general acaban relegadas a un segundo, tercero o cuarto plano, ¡que molestan!). En visiones un poco hedónicas e individualistas de la búsqueda de nuestra fórmula milagrosa nos vamos dando cabezazos cada vez que nos encontramos con malestares (propios y de nuestra red), y nos convertimos así en «polikamikazes», en la exposición sin cuidados a experiencias que pueden desestabilizarnos y atravesar nuestras heridas, pero que hay que hacerlo porque si no «no soy poliamorosa».

«El poliamor no funciona. Al poliamor hay que hacerlo funcionar […] En algún momento de nuestras vidas hemos creído que el poliamor era un abracadabra. Dices ¡chas! y aparece a tu lado. Se acabaron los malos rollos, se acabaron los celos, se acabaron los miedos, porque tú, compañera, tienes po-li-a-mor, el nuevo milagro antigrasa.»

El poliamor a veces se vende como un nuevo invento hacia un brillante nuevo futuro donde el amor es infinito… y para poder beneficiarte de todo lo que esto promete tienes que quitar tus esquemas rígidos antiguos, y ponerte unos nuevos…. (gracias capitalismo, gracias heteropatriarcado, gracias amor neoliberal…). Y claro, vuelven los dilemas y el malestar por no ser adecuadxs, por no ser correctxs, por no poder adaptarnos bien a lo que se espera y a lo que nos inculcan, todo lo que tenemos que ser ahora para ser postmodernos y gente chachi que se piensa.

 

Nos construimos en sociedad

«El hombre social, siempre fuera de sí, solo sabe vivir en la opinión de los otros y, por así decirlo, solo del juicio de ellos extrae el sentimiento de su propia existencia. Rousseau

En terapia nos encontramos malestares porque «no puedo ir de la mano de mis dos parejas por la calle porque me da vergüenza el qué dirán y claro, así soy una mala activista» o porque «mi familia es muy conservadora y me da muchísimo miedo al rechazo y la crítica si digo cómo vivo mis prácticas amatorias, pero por ahí me dicen que tengo que estar orgullosa de lo que soy y lo que hago y gritarlo sin ocultar nada», que «si no siento compersión y me estoy muriendo de celos soy una mala persona que solo quiere poseer», y que «si necesito que mi pareja esté conmigo cuando lo paso mal estoy limitando y coartando su libertad y claro, eso es el mal porque soy mala poliamorosa…»

¿Les suena todo esto?

Si no cumplimos con la norma aparecen los sentimientos de vergüenza y culpa, estos según Manel Villegas constituyen los marcadores inequívocos de la existencia de una regulación basada en una norma en un contexto social. Y entonces ocurre que se interiorizan las normas (las reglas de juego) y nos sentimos culpables cuando dejamos de cumplirlas, o por otro lado, todo está tan exteriorizado y expuesto que vamos intentando evitar ser sancionados por lo que podemos llegar a hacen mal, y nos da vergüenza mostrarnos.

Siguiendo con Brigitte: «El caso es que el poliamor no es una fórmula mágica, no es algo que exista: es una propuesta, un horizonte, un imaginario por construir. Decir que inicias una relación poliamorosa es comprometerte a crear las condiciones que harán que la multiplicidad amorosa sea posible sin que nadie muera en el intento.»

Por lo tanto, si queremos configurar un sistema relacional y una idea de vida que nos haga bien, y pueda ser coherente con quienes somos y nuestra biografía (que inevitablemente llevamos cargando a la espalda!), necesitaremos crear nuestras propias guías atendiendo a nuestros propios procesos y los procesos de las personas que tenemos alrededor (apostemos por una cultura afectiva, no seamos neoliberalistas ¿eh?). Las guías y los referentes están muy bien para orientarnos, pero quienes tenemos que hacer el camino somos nosotrxs con las personas con las que queramos caminar, y eso implica que no hay una dirección y forma de hacer única, correcta y verdadera, sino que habrán miles de maneras y caminos. tantos como personas que recorran este proceso de deconstrucción.

Miguel Vagalume lo explica en su artículo «Un traje hecho a medida» del libro (h)amor1:

«Todas las opciones no-monógamas que aparecen tienen la ventaja de parecer modelos que podemos adoptar desde mañana mismo, parece que hemos entrado en el Zara de las relaciones. Llego, busco una teoría de mi talla, para dos, tres o más personas, y salgo por la puerta estrenando una nueva manera de relacionarme. […] Si nos dan la ropa hecha, siempre se nos va a adaptar más o menos. Con suerte, se nos puede ajustar bien pero, como mínimo, necesitaremos hacerle unos pequeños arreglos. Y al hacerlos podemos descubrir algo que nos va a ayudar durante toda la vida, durante todas nuestras relaciones: saber hacernos nuestro propio traje.»

Concluyendo, que me enrollo.

Todo parece ideal, y no lo es, gestionar la incertidumbre, las emociones, leernos e ir a buscar qué queremos en esta vida si nos dejan desear, cuidar a nuestra red afectiva en el proceso de de-construirnos y miles retos más que se nos plantearán requiere de paciencia, tiempo, dedicación y sobretodo muchísimo afecto y acompañamiento… ¡que somos humanes!

En este artículo quiero introducir el camino que a veces nos lleva a cortocircuitarnos, intentando encajar y adaptarnos a nuevas normas de funcionamiento salimos de esquemas rígidos que no nos representan y nos producen dilemas, y en la búsqueda de un referente nos adaptamos a nuevos esquemas (más postmodernos eso sí) que igualmente nos encorsetan y nos dicen lo que tenemos que hacer. Pasamos de tener vergüenza por querer a dos personas a pasar vergüenza y culpa por no hacerlo bien, negando nuestra condición de vulnerabilidad, provocándonos así más malestar, este bucle en el que nos metemos sin querer de «estoy mal porque estoy mal«, que esconde detrás una moralidad hacia el malestar (estar mal está mal).

En el siguiente volumen hablaré de los cortocircuitos, que ya hay mucho que pensar aquí…

 

3 Comentarios

  1. Carlos
    | Responder

    Me ha encantado el artículo y me hace reflexionar un montón sobre las «guías» que seguimos muchas veces sin pensar demasiado. El símil con que compramos todo ya hecho es brutal porque es la realidad hoy día, queremos algo fácil y que no requiera mucho esfuerzo… como el ¡Milagro antigrasa! xD

    Asi que nos lanzamos hacer lo que mejor sabemos en este sistema capitalista y nos compramos en Amazon el libro de ética promiscua (o cualquier otro) esperando que con el pequeño esfuerzo de leerlo, todos nuestros problemas y dudas sean solucionados ¡Pero nada más lejos de la realidad! Y aquí me gustaría citar el párrafo que creo que es el quid de todo y me encanta:

    «[..] cuidar a nuestra red afectiva en el proceso de de-construirnos y miles retos más que se nos plantearán requiere de paciencia, tiempo, dedicación y sobretodo muchísimo afecto y acompañamiento… ¡que somos humanes!» <3

    Por favor sigue escribiendo más artículos así de interesantes y amenos de leer 🙂

  2. […] nuestro anterior artículo hablábamos de lo que se conocen como las biblias del poliamor, fórmulas milagrosas que aplicar […]

  3. […] ya se ha dicho en el primer artículo de esta saga, no hay un manual correcto, una varita mágica o una solución rápida y certera a […]

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