Llorar me hace fuerte

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Llorar me hace débil fuerte

“Las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman”. Proverbio Irlandés.

Todas las emociones no son iguales ni encuentran el mismo grado de aceptación en nuestra sociedad, tristemente las emociones van asociadas a todo un lenguaje y significados (que aunque tengamos una idea propia, está enmarcado en toda una mira social y cultural) y sus expresiones muchas veces se censuran o se consideran no adecuadas.

 

Si existen y se han perpetuado estas emociones es porque tienen una función primaria y adaptativa, entonces ¿Por qué está mal expresarlas?

 

Vivimos en una sociedad dirigida por una dictadura del bienestar, instigada por marcas como Mr. Wonderful, que demandan una felicidad constante y alegría permanente, rechazando otro tipo de vivencias como las que pueden ser unas emociones más “negativas” o el malestar. Esto es tremendamente injusto. Vivimos en diversidad de emociones, en esta famosa y conocida montaña rusa que dependiendo de lo que nos vaya pasando nos provocará subidas o bajadas, mariposas o aburrimiento, así que a veces nos entristecemos y lloramos.

 

¿Pero qué ocurre? Esta sociedad también nos exige ser fuertes, no tener miedo (como este eslogan tras los trágicos atentados de Barcelona 2017), sentirnos en plenitud con lo que hagamos, etc. Cualquier expresión emocional que se aleje de lo que se espera será estigmatizado, y etiquetado con conceptos negativos, el clásico “Si lloras eres débil”.

 

Estigmatizar la tristeza y el llanto solo sirve para hacernos sentir aún peor de lo que ya estamos, sólo nos va a llevar a evitarnos, a luchar por no sentir, a negarnos como personas y a negar lo que nos está causando tristeza, y no entender por qué o para qué está ahí, para que no pensemos que no somos lo suficientemente fuertes como para aguantar los problemas sin venirnos abajo.

 

La consecuencia de este proceso de estigmatización, es la vergüenza, nos avergonzamos porque alguien pueda ver que algo nos ha afectado, y etiquetarnos como vulnerable. La vergüenza por tanto es este fenómeno social que, en palabras de Brené Brown: “está centrada en uno mismo, y la culpa en el comportamiento. La vergüenza es verse como “soy malo”, mientras que la culpa es ver que “hice algo mal”. Hay una gran diferencia”. La vergüenza es etiquetar nuestras conductas como “malas” o no válidas de acuerdo a los criterios de normalidad de la sociedad en la que vivimos, y llorar se encuentra ahí.

 

Tristemente la vulnerabilidad es otro concepto que se ha asociado erróneamente con la debilidad, y es algo que debatimos largo y tendido en nuestra edición del Cinefórum con respecto a la vulnerabilidad. Todas las personas somos vulnerables ya que estamos abiertos a que nos afecten cosas, la verdadera fortaleza consiste en hacerte cargo (no ocultar) de esta parte que necesita atención y cuidado y poder expresar lo que necesites sin estar pendiente del juicio externo.

 

¡Llorar es muy necesario!

Según el neurocientífico, Dr. William H. Frey II, “llorar no es solo una respuesta humana al dolor y frustración. Es una respuesta saludable. Llorar es una manera natural de reducir el estrés que no pudimos expulsar y que tiene efectos negativos en nuestro cuerpo, incluyendo el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y otros tipos de estrés”. Y está comprobado, pues algunas investigaciones demuestran que el 85% de las mujeres, y el 73% de los hombres, se sienten mejor después de haber llorado. Es por eso que cuando estás mal las personas te dicen que te “desahogues” y llores, porque es cierto que te hará sentir mejor.

¿Por qué las personas que lloran son fuertes?

(inspiradas en rincon de la psicologia)

 

No se reprimen

Muestran lo que sienten, de una forma más o menos elaborada, pero se muestran. Esto requiere de mucho coraje ya que es abrirte, es mostrarte cómo te estás sintiendo, es permitirte ser tú de forma natural ante las miradas de otras personas. Se necesita mucho coraje para ir contracorriente y expresar quién eres en realidad o cómo te sientes en ese momento. De hecho, el filósofo Séneca afirmó que “no hay mayor causa para llorar que no poder llorar”.

 

Aprovechan las lágrimas para cambiar la perspectiva

Se dice que las lágrimas limpian. Tal y como dijimos, las emociones y sus expresiones tienen una función. La tristeza por ejemplo nos permite revisar qué nos está haciendo daño, para poder asimilarlo, aceptarlo y poder realizar algo diferente para cambiar nuestra situación.

Las expresiones de todas las emociones son necesarias, ya que nos permite desahogar, drenar y no acumularlas dentro para que nos vayan corroyendo poco a poco (como explicamos en este artículo, la olla de las emociones). Cuando terminamos de llorar, nuestra mente se encuentra más despejada y, es cierto que hasta que no nos quitemos las gafas de la tristeza no vamos a poder tener otras ideas, el llorar logra que nos serenemos (ya que se estimula la secreción de endorfinas) y podamos ser capaces de analizar la situación desde otro prisma. Esto se debe a que nuestras emociones se han equilibrado y nuestra mente racional está preparada para entrar en acción.

 

No se someten a las expectativas sociales.

Esto está muy relacionado con el punto 1. Si nos sometiéramos a las expectativas (juicios, etiquetas, normas…) sociales entraría en juego la vergüenza, el forzarnos a llevar una máscara de cordialidad en donde actuemos y por tanto iríamos a la trampa de reprimirnos y taparnos hasta explotar (o desarrollar infinidad de síntomas físicos).
Las personas que no tienen miedo a llorar se sienten mucho más libres, naturales, son capaces de expresarse sin verse atadas por los convencionalismos sociales. Es como si reivindicáramos nuestro derecho a ser y abanderáramos lo que somos sin juicio ni crítica negativa. Estas personas no tienen miedo a decepcionar a los demás ni a mostrar su supuesta debilidad, porque saben que llorar no implica en verdad nada de eso.

 

Están conectadas

No solo con unx mismx al poder leernos, entendernos y acompañarnos en nuestra emoción, sino también con el resto de personas. Expresar emociones permite comunicar y crear unos vínculos más sanos desde el entendimiento. La tristeza y las lágrimas ayudan a crear conexión, conectando directamente a través de nuestro “yo” más profundo.
También fortalece vínculos, ya que podemos llegar a entender mejor los procesos de la otra persona, conocer cómo reacciona y qué necesita para poder adaptarnos a los ritmos y vivencias tan particulares.
Pedir ayuda también se asocia con debilidad, es como si debiéramos poder con el peso de todo y ser «superwomans» y «supermans» en esta vida. Pero no es así, las redes afectivas sostienen y nos pueden facilitar procesos, un abrazo, un consejo empático, o simplemente alguien que te escuche y te saque de la soledad es muy necesario y no nos hace dependientes ni débiles.

Ser fuerte lo asociamos a ser una roca, pero esta rigidez e inmovilidad no va a permitir que nos adaptemos a las diferentes vivencias que vamos a vivir en la vida. No es cuestión de ser una roca sino de ser bambú, lograr ser flexible, atender a nuestras vulnerabilidades, ceder, caer, balancearnos y volvernos a alzar. Este proceso requiere de muchísima fortaleza.

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