La trampa de la libertad

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Muchas veces nos encontramos en consulta personas que tienen una demanda clara: “quiero ser autosuficiente”, “quiero trabajarme mi dependencia emocional”. En algún momento de dependencia se nos ha hecho daño, y buscamos la reparación en no volver a caer en ese error:  estar a disposición de otra persona, y buscamos un trabajo personal al servicio del síntoma.

“A mi esto no me lo vuelven a hacer, ¡voy a ser independiente!”

Hace un tiempo reflexionábamos sobre el término “Dependencia emocionaly las posibles consecuencias de este concepto, tanto en el establecimiento de relaciones (que se viven asimétricas en un eje de poder, donde hay alguien por encima y alguien por abajo) como la percepción e integración de mi propio auto-concepto, en términos de mi papel y valía (en donde juega un papel fundamental la teoría del Apego).

La dependencia emocional es algo señalada como una de las compañeras de viajes no deseadas en nuestros mundos relacionales. Construída hoy en día como el opuesto del proceso de convertirse en un individuo y de la cultura del éxito del Yo-Marca. Es algo que vemos últimamente en auge, por ejemplo, explorando dificultades y dilemas en relaciones no convencionales: Al romper como apuesta política el concepto y la estructura de la monogamia, nos adentramos a movernos en dos polos de significados opuestos, en donde la monogamia se asocia a ideas de amor romántico, (y por tanto conceptos como fusión, anulación y dependencia), y su contrario parece que se va construyendo en términos de independencia ( etimológicamente: “acción y efecto de no estar bajo la voluntad de otro”) de ser individuos completos, únicos y auto-suficientes.

Al plantear cambios alternativos a la normatividad en nuestro proceso de deconstrucción, nos encontramos sin referentesde cómo hacerlo (como explicábamos en la introducción de nuestro manual del buen poliamor )

En este vacío nos acercamos a lo opuesto para construir la alternativa, la otra opción posible de la que me quiero distanciar. Así se puede explicar que, como se asocian las relaciones convencionales con las estructuras de dependencia, nos lanzamos en péndulo al polo opuesto, creando el extremo como independencia. En oposición al amor romántico dependiente, cogemos el estandarte de la libertad individual como nueva apuesta política para mi vida.

Y es que ser individuo no es lo mismo que ser independientes, y ahí es donde nos hemos pillado los dedos.

 

La trampa de la libertad 

En el mundo relacional, rompemos con la monogamia rompiendo con todo lo asociado con la estructura de pareja socialmente construida. Y así podemos explicarnos, por ejemplo, como se ha llegado a romantizar tantísimo el concepto de Agamia, representada como crítica política al amor, termina siendo un tratado de individualidad moral, que habla sobre cómo desvincularse de un “gamos” entendido como vinculación afectiva e unión que se establece con una otra persona.

En esta gran heroicidad de verme despojada de toda “opresión”, nos quitamos sin querer algunas otras prendas relacionales que nos hace bien (tanto a mi, como a mi red). Romper radicalmente todo un imaginario colectivo nos puede llevar a hacer añicos los actos y emociones que suplen necesidades básicas humanas de pertenencia, afecto y reconocimiento, perdiendo de vista (o negando) que somos seres sociales, y que vivimos rodeadas de otras personas, perdemos de vista nuestra naturaleza inter-dependiente (el estado de necesidad recíproca) a lo largo de todo nuestro ciclo vital. 


La idea de la libertad es omnipotente 

La idea de ser totalmente libres es una trampa de engaño, un espejismo que nos hace creer, desde cierta omnipotencia, que podemos saltar cualquier condicionante (sistema, cultura, opresiones…) únicamente con fortaleza, deseo y ganas. Y ya nos lo decía Viktor Frankl: la libertad no existe pura, siempre es una libertad condicionada.

No somos libres emocionalmente porque somos sensiblemente influenciables e influyentes, dependemos del sol que haga, del frío, de estar confinadas o no, de la situación de conflicto o estabilidad con las personas con las que nos rodeamos, etc. Nuestras emociones son coherentes con lo que nos va ocurriendo, y transitan en diferentes estados a lo largo del tiempo.


La idea de la libertad es soberbia

¿Por qué es tan importante sentirnos “libres”?. Nuria en nuestra última entrada del manual del buen Poliamor debatía acerca del dilema de cómo cuidar y cuidarme, y qué hacer con nuestra necesidad de libertad.

la idea de libertad individual e independiente responde a la necesidad del abanderamiento de un “yo” como individuo, de nuestras diferencias e idiosincrasias, para conseguir estar representadas y presentadas en este mundo, y así, conseguir el reconocimiento que nos haga existir. Es curioso, porque defendemos un yo solitario, que necesita el reconocimiento de las demás personas para ser, el yo y las demás personas se mecen en un baile sujeto-objeto: te reconozco para ser, soy porque me reconoces. Pero sucede que nos parapetamos en una rigidez del YO para cubrir una necesidad de ser, y la defendemos a capa y espada.

La idea de la libertad puede caer fácilmente en una visión soberbia, que supone una posición elevada de mí misma en relación con el propio entorno. La negación de la interdependencia nos posiciona en un estado superior de poder, que es totalmente ficticio, y aquí es donde vemos el típico capítulo con moraleja de Marvel en donde los superhéroes y superheroínas se necesitan les unes a loes otres para poder derrotar al malo, dejando atrás el orgullo del “yo todo lo puedo”.

Los dilemas personales vendrán después: cuando en el intento de mantenerme en esta idea del yo (libre, sin cadenas, única y completa) no puedo reconocer, leer o atender lo que mi mundo afectivo está pidiendo: vincularse, cuidado, e incluso permitirnos fallar.

La idea de la libertad va unida a la negación de la vulnerabilidad

Otra trampa de esta soberbia omnipotente es que no podemos escoger libremente todo, como ya apuntaba Nuria en nuestro anterior artículo, la libertad no es ese paraíso donde todo vale y todo se puede, dentro de la libertad hay incluso límites. La libertad implica pérdidas y responsabilidades. Elegir algo implica renunciar a otra cosa que no eres libre de escoger. El concepto de libertad como todas las posibilidades a la vez se crea bajo este espejismo de la idea del yo, este mundo de fantasías hipertrofiadas por un anhelo, vamos, que podemos soñar todo lo que queramos, pero aterrizandolo a la práctica no suele ser tan realista o realizable, que el día tiene 24h. Y ahí están servidas en bandejas las frustraciones, las roturas, las desilusiones, las insatisfacciones vitales, los estados de culpa y reproche por no ser suficientes.


Libertad o responsabilidad

Volviendo al tema relacional, el marco social actual nos lleva al neoliberalismo individualista, sustentado en amores líquidos, al servicio del consumo (recomiendo la charla de Lionel S. Delgado sobre la “tinderización de las relaciones y consumismo de cuerpos). Esta idea de libertad como alternativa a la dependencia nos sume en un hedonismo no comprometido (un yo que no responde a un otro), movilizados por nuestro mundo de deseos y propósitos. 

El discurso neoliberal nos vende un poliamor ligado más con el consumismo afectivo, mercantilización de las relaciones, depredación de los cuidados y dinámicas opresivas de género, que con la responsabilidad colectiva, la interdependencia y el cuidado mutuo.

Muchas veces en las no-monogamias se da el fenómeno de que sabemos palabras complejas pero no asumimos la complejidad de las palabras.

 

Hoy en día, con todo lo que está sucediendo en esta pandemia de Coronavirus, se van dando dos relatos paralelos: Por un lado el del individualismo en los supermercados comprando papel higiénico hasta dejar sin existencias al resto y denunciando a vecinos en estos estados policiales de balcón, y a la vez, aflora todo un mundo hiperconectado a través de las redes sociales, de festivales por Instagram y programas para jugar con tus amigas online. Estamos encerradas, más conectadas que nunca, y con el instinto de supervivencia individual activado.

Frankl, en su teoría sobre el sentido de la vida, explica que no puede existir libertad sin responsabilidad. Y en estos casos, escoger libremente un camino implica hacerse cargo, responder a las consecuencias de lo que hagamos, ya que no sucede en un vacío.

“La libertad supone responsabilidad. Por eso la mayor parte de los hombres la temen tanto” George Bernard Shaw

En días de confinamiento se habla de la responsabilidad afectiva colectiva, se habla de quedarnos en nuestras casas para evitar la curva del contagio, de cuidarnos entre todas, de estar pendiente de las vecinas, de no sobrecargar el sistema de salud… Todo esto son vivos ejemplos de que el ser humano no se vale por sí mismo, que nos necesitamos a todas, necesitamos que la red sea estable para poder sostenernos, en lugar de buscar soluciones individuales a problemas colectivos que nos haría responder sin atender al entorno (como la gente que aún así sale a correr por su salud en estado de cuarentena). Somos dependientes, y no pasa nada por ello.  

«La libertad, sin embargo, no es la última palabra. La libertad es solo una parte de la historia y la mitad de la verdad. La libertad no es más que el aspecto negativo de todo el fenómeno cuyo aspecto positivo es la responsabilidad. Es por eso que recomiendo que la Estatua de la Libertad en la Costa Este se complemente con una Estatua de Responsabilidad en la Costa Oeste«.

-Viktor Frankl-

2 Respuestas

  1. Berta
    | Responder

    Me encanta el articulo!!! Creo que es muy necesario todo lo que se ha dicho y que, de hecho, no se habla tanto sobre el problema de esta idea de libertad individual que está tan en boca ahora. Me gusta como has unido la ilusión del yo, la sociedad individualista y nuestra necesidad como humanos de conectar con los demás.

    • Beatriz Cerezo
      | Responder

      Muchísimas gracias por el feedback Berta! 😀
      Son conceptos muy complejos llenos de variables, la verdad es que no se puede hablar únicamente, por ejemplo, de individualismo sin ampliar la mirada y entender qué más hay… pasa que poner toooodo más que un artículo sería un libro jajajaj!

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