La perspectiva de género

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Cada día el discurso feminista va llegando a más personas, de la misma manera que en su día llegó a nosotras y nos encanta vivir este momento histórico. Poco a poco se va adentrando en nuevos ámbitos en dónde hasta ahora estaba ausente, abriendo debates y cuestionando cómo están estructurados. Es por ello que se habla de “feminismos”, ya que cada uno se está desarrollando en ámbitos diferentes, tales como el ecofeminismo o el ciberfeminismo. Todas las que nos encontramos en este camino sabemos que no es un movimiento homogenio, sino que existen tantos feminismos como personas estamos en él, en dónde cada una va encontrando, profundizando y deconstruyendo hacía una dirección u otra, dependiendo de sus circunstancias y de sus vivencias.

Hoy queremos hablaros de la perspectiva de género, porque justamente es desde ella desde donde entra y cuestiona aquello establecido, hasta llegar a cuestionarse incluso a sí misma y rizar el rizo hasta sitios donde ¡ya no haya más rizos que rizar! Esta perspectiva de género no es algo inventado, sino que es una realidad hasta ahora oculta, invisible en muchos procesos.

¿Qué es la perspectiva de género?

Conocer la perspectiva histórica es esencial ya que sin ella los feminismos y sus postulados pueden parecer una moda o algo pasajero sin sustento. Debemos tener en consideración qué pasaba en la época en que se inició, cual era el contexto, cómo se desarrolló,etc. para entender reivindicaciones como el derecho al voto, a la educación, incluso a tener dinero propio (cosa que no sucedía, por ley todo era propiedad del marido/padre).

Una vez éstas reivindicaciones fueron alcanzadas, hubo una época de cierto “silencio” hasta que llegaron personas como Simone de Beauvior o Betty Friedan que empezaron a hablar sobre qué es esto de ser mujer. Simone se planteó la pregunta “¿qué ha supuesto para mí el hecho de ser mujer?” y escribió El segundo sexo, en dónde identifica conceptos como androcentrismo o patriarcado y crea su frase emblemática: “la mujer no nace, se hace“. 

Betty, por su lado, identificó “el problema que no tiene nombre“: mujeres que objetivamente lo tenían todo (marido, hijes, electrodomésticos) pero eran profundamente desdichadas, ya que se definían en función de las otras personas (mujer de, madre de) y no por sí mismas.

De ahí se empieza a articular el concepto de perspectiva de género hasta llegar hoy en día a definiciones como:

La perspectiva de género es una categoría analítica que acoge a todas aquellas metodologías y mecanismos destinados al estudio de las construcciones culturales y sociales propias para los hombres y las mujeres, lo que identifica lo femenino y lo masculino

Chávez Carapia, Julia del Carmen, ed. (2004). «Introducción». Perspectiva de Género. Plaza y Valdes.

Es decir, el feminismo llega y nos dice: “Oye! Que el mundo también se organiza entre hombres y mujeres, no sólo en ricos/pobres, adultes/niñes, blancos/otras etnias, viejos/jóvenes…” Nos dice que el mundo también está organizado entre lo masculino y lo femenino y que la categoría “género” es decisiva a la hora de leernos entre personas. Pensemos qué nos ocurre cuando no identificamos a una persona en un género y no sabemos si situarla en un hombre o una mujer. Lo que ocurre es que nos descoloca bastante, nuestra mente parece que entra en un pequeño shock al no saber cómo leer a esa persona que tenemos enfrente y empezamos a analizar cada rasgo de su apariencia para entrever y decidir en qué categoría del género la sitúo… Mientras esa persona se da cuenta y se incómoda un montón por nuestro escrutinio tan desconsiderado.

¿Qué es el género?

Se entiende por género la construcción social que se nos asigna en base al sexo. Es decir, nos ven ciertos genitales, con lo que se nos imponen una palabra (niño o niña) y de ahí un montón de “añadidos”, como si nos ponen pendientes o no al nacer, se selecciona cierto tipo de ropa (niñas=vestidos, niños=no vestidos), nos dan ciertas interpretaciones a nuestras conductas, se nos repiten más ciertos adjetivos (a los niños les dicen más lo fuertes que son, con las niñas se suele hacer más referencia a su apariencia física), y un largo etcétera… Esta claro que no en todes es de la misma manera, pero lo que sí es innegable es que todo esto que creamos alrededor de la noción de ser niño o de ser niña es la construcción social del género.

 

El género es la categoría de análisis que permite descifrar el orden sociocultural pre-configurado sobre la base del sexo. Es decir, analiza la construcción simbólica de los atributos asignados a las personas a partir de su sexo, tratando de indagar en las características físicas, económicas, sociales, psicológicas, eróticas, jurídicas, políticas y culturales definidas, casi de manera genérica.

Lagarde, Marcela (1996). Género y feminismo. Desarrollo humano y democracia. Horas y horas.

Esta construcción social se nos transmite a medida que vamos creciendo; lo primero que detectamos es que el mundo está dividido, como mínimo, en dos: en hombres y en mujeres. Evidenciamos las diferencias entre estas dos categorías, las cualidades que cada uno tiene y cómo yo pertenezco a uno y se me excluye del otro, por lo que se me atribuyen unas características y se me niegan otras(de forma explícita o im plícita). Por suerte, cada vez hay más consciencia de esto y poco a poco va cambiando, como se está viendo últimamente en los juguetes infantiles, por ejemplo. Pero aún lo estamos ejerciendo, aunque sea de forma sutil, implícita por el hecho de habitar un cuerpo identificado como hombre o mujer. Lo tenemos tan interiorizado y normalizado, que nos cuesta mucho ver esta construcción social y de qué manera lo actuamos y transmitimos.

Hay que decir que cada vez está más mezclado qué pertenece sólo a la construcción de ser hombre y qué a la construcción de ser mujer. Debido a que muchas mujeres entraron en el ámbito laboral y han forzado a que hombres entren en el ámbito doméstico, se han mezclado ciertos atributos en la práctica, aunque no por eso el cambio social y estructural ya está hecho, ya que el patriarcado va bastante más allá. 

Si miramos qué se relaciona más con cada género aparece la noción de “los mandatos de género”, que son aquellos mandatos interiorizados que pertenecen a cada género: para ser hombre hay que ser exitoso en ámbito laboral o sexual Vs. para ser mujer hay que tener una relación sexo-afectiva y ser su cuidadora. Y como bien entenderéis, ¿qué es lo que socialmente está mejor valorado? Obviamente, las características que se les atribuyen a los leídos como hombres, por aquello que estuvieron siglos en posiciones de poder mientras las mujeres estábamos excluidas de ellos y relegadas a ámbitos domésticos. 

A ver, es evidente que al ser categorías sociales no van a ser interiorizadas exactamente igual en todas las personas, pero sí podemos distinguir ciertas características comunes que agenciamos a cada género y seguramente una misma pueda identificarse ciertos mandatos interiorizados, que aunque no nos gusten, ahí están dándonos la guerra.

A raíz de ganar derechos y entrar en el mundo público, parece ser que ya hay igualdad entre géneros. Y para nada es así, ya que socialmente aún existen diferencias jerárquicas en qué implica habitar cada género. Es más, si entre hombres y mujeres ya la hay, ¿qué estará ocurriendo con otros géneros totalmente minoritarios?

 

La teoría queer, a grandísisimos rasgos, es una teoría que rompe con éste binarismo de definirse como hombre o mujer y entiende el género como un continuo en dónde puedo fluctuar en él por diferentes razones y de diferentes maneras, sin necesidad de encasillarme en una etiqueta concreta ni tener la necesidad de vivir definida. Esto no quiere decir que se postule que no exista el género, para nada! Reconoce que existe, aunque dice que no hace falta (no obliga a nadie ni impone) identificarse con alguno, sino que lo que quiere es salirse de la normatividad hegemónica binarista y desplazarse hacia algún otro lado menos dicotómico y más inclusivo. Dice muchisisimás cosas más, pero este tema da para escribir libros!

 

 

¿Es real la perspectiva de género?

Si echamos un vistazo a la historia vemos como las personas identificadas como hombres han hegemonizado todos los espacios y han ostentado el poder por encima de las personas identificadas en otros géneros. Es desde ellos desde donde se han desarrollado (mayoritariamente) la ciencia, la economía, la legalidad, las relaciones,etc. Es decir, han aglutinado el poder a su alrededor, en dónde han creado espacios en base a sus vivencias y creencias, convirtiéndolos en favorables a ellos y discriminatorios para el resto de géneros.

El poder del mundo se ha configurado alrededor de las personas identificadas como hombres y desde esa posición han decidido y dominado a los otros géneros; el patriarcado atraviesa todo el entramado social, cultural y, si no sabemos que existe o de qué manera lo he interiorizado, por defecto se articula en mis las relaciones. Y si lo juntas con el capitalismo y el racismo, entenderás porque la mayoría de personas en situación de poder son hombres, blancos y con mucho dinero.

 

Es ahora que algunas personas somos conscientes de ello y estamos empezando a decir : “Yo quiero estar en esa posición laboral/de poder/relacional con las características que yo valoro, aunque estas difieran de las que socialmente se valora (las masculinas)”. Y es aquí donde están naciendo nuevas formas de hacer política, de hacer empresa,… Incluso de hacer medicina. Formas que revalorizan valores hasta ahora considerados menores por el simple hecho de atribuírselos a las personas leídas como mujeres.  

En resumen, el feminismo nos dice que nuestro lugar en el mundo depende de qué genero habites y de qué manera lo hagas. Si es cierto que todes pertenecemos a la raza humana y quizás en un mundo ideal deberíamos ser todes “iguales” debido a ello, pero a día de hoy eso es una fantasía. Estamos atravesades por el género de tal manera que incluso cuando nuestra madre nos está gestando, ya nos identifican con niño o niña y nos ponen todo el peso de la construcción social encima.

 

 

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