La culpa

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Hace unas semanas hicimos un directo sobre la culpa y vimos cómo de necesarios son éstos espacios, para ir deconstruyendo y articulando este concepto de un modo diferente y así poder vivirlo de otras maneras, porque experimentar culpa suele ser muy agobiante.
Muchas personas estamos atravesadas por ella por múltiples razones, llevándonos por caminos que suelen ser destructivos y nada beneficiosos.

Nos interesamos por ella justamente por eso, por ser es un sentimiento muy común (que no normal, como dice nuestra gran amiga Andrea) y además lo vemos presente en muchos procesos terapéuticos. Así que ¡vamos allá!


¿Qué es la culpa?

Si cogemos la definición que da la RAE sobre culpa encontramos la siguiente:

Acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado”

Por su lado, Roma de las Heras en su artículo en el libro “(h)amor3- celos y culpas” conceptualiza la culpa como: “un indicador que nos lleva a evaluarnos y nos sirve para pensar en nuestra manera de obrar y en cómo nos afectamos unxs a otrxs y que nos ayuda a colocar el rasero de nuestros principios.” Además, recientemente ha realizado su trabajo final de máster y en él también comenta como la culpa es un indicador de que hemos transgredido ciertas normas sociales y con la percepción o anticipación de un daño a personas significativas.

Así podemos decir que teóricamente una de las funciones de la culpa es hacernos conscientes de que hemos causado un daño y puede ser una manera de revisarnos y cambiar, potenciar nuestra responsabilidad afectiva y ver de qué manera hacerlo diferente. ¡Es maravilloso cuando la llevamos hacia aquí! Pero la realidad es que pocas veces resulta resulta así y tenemos tendencia a caer en otros caminos.

Así que, delante ésta teoría nos planteamos lo siguiente: la culpa ¿facilita hacernos responsables del daño provocado? ¿Promueve su reparación? ¿Fomenta actitud críticas y constructivas hacia nuestros actos? ¿Nos ayuda a revisarnos y aprendemos de ello? A nuestra humilde opinión, la respuesta general a estas preguntas es que no, no lo hace. Ahora bien, ¿Por qué?


Pecado, error, deuda, castigo

Manuel Villegas en su libro titulado “Psicología de los siete pecados capitales” aporta una conceptualización de la culpa que explica muy bien la concepción generalizada y gira entorno a los conceptos de pecado, error deuda y castigo.

Según la etimologia, la culpa significa “causa de un daño o perjuicio”, destacando ahí el efecto causa-consecuencia, en donde él hace mención a algo muy interesante: esta causa puede darse sin que se le atribuya una intencionalidad directa de daño, es decir, que podemos dañar sin intención, por lo que diferencia la responsabilidad del juicio moral que hacemos.

Él habla cómo en nuestra concepción de culpa está inmersa la concepción del pecado, que aunque hoy en día esta palabra ha entrado en desuso y se ha sustituido por delito, nos resulta muy interesante conservar la primera debido a su larga influencia en nuestra sociedad.
Esta noción presupone que las acciones que causan daño han sido decididas y ejecutadas de forma libre y consciente, por lo que en este caso el juicio moral (si está bien o mal) campa a sus anchas. Hacemos éste juicio moral desde una posición de superioridad, como un juez que dictamina y otorga la calificación de “bueno” o “malo” dependiendo del contexto, las consecuencias y, sobretodo, del sistema moral que tengamos interiorizado.

Por otro lado, este juicio que se hace suele estar dirigido hacia la persona que se equivoca y no tanto a la conducta que ha causado el daño. Como (pre)consideremos que la persona lo ha decidido libremente, nuestro foco está orientado hacia señalar ésa persona y convertirla a toda ella en un error, en un pecado, en “el mal”. Aquí el error se está llevando al terreno identitario, con sus terribles consecuencias vivenciales, en vez de quedarse en la conducta causante del daño. Este hecho suele acarrear que la persona que comete el error entre en deuda con la persona que se ha dañado y así es como la persona culpable “le debe algo” a la persona dañada. Este es el sistema formal que tenemos generalizado a nivel social (ya no solo interpersonal) a través de todos los procesos sancionadores, como las multas por ejemplo.

La culpa

Esta perspectiva nos lleva a asumir el castigo que nos dictaminan nuestros jueces, con tal de conseguir la redención y poder volver a ser libres. Como veis, este proceso se encuentra algo lejos de ese ánimo reparador que decíamos al inicio. Desde aquí la intención es que los causantes “paguen por sus errores”, más que dirigirnos hacia asumir la responsabilidad del daño, la revisión personal, y su consecuente reparación.

Entonces, esta perspectiva que nos rige a nivel social y a nivel interpersonal se focaliza en el pecado, el juicio moral, el sentimiento de deuda y su consecuente castigo. Nada constuctivo, verdad?


Consecuencias de ésta concepción de la culpa

Vamos a exponer alguna de las consecuencias más habituales que suele conllevar ésta concepción de culpa que tenemos interiorizada:

Desvincularnos de la responsabilidad. Asumir la culpa implica una gran carga (identificarme como malo/a, recibir una sentencia, asumir un castigo,etc.) por lo que automáticamente lo que hacemos es negarnos a llevarla. Delante una situación donde nos estan señalando, negaremos absolutamente cualquier indicio que sugiera que tenemos alguna responsabilidad, lucharemos para quitarnos de encima la causalidad, reaccionaremos a la defensiva, nos enfadaremos, nos evadiremos, y ejecutaremos una larga lista de recursos para no asumir la culpa y, por tanto, tendremos tendencia a desentendernos de la responsabilidad del daño causado.

Perseguir al causante. Otras veces lo que ocurre es que cuando nos causan daño, podemos caer en convertirnos en una persona extremadamente inquisitiva, persiguiendo y demandando en exceso para que la otra persona se responsabilice. Quizás estamos motivadas por una necesidad insaciable de reconocimiento, o quizás la otra persona tenga tendencia a huir y eso nos alarme; quizás es una huida flagrante de nuestro dolor interno o quizás deseamos ver endeudada a la otra persona, a saber. La cuestión aquí es que aquello que nos mobiliza nos lleva a desarrollar estrategias éticamente cuestionables.

Confundir reconocimiento con reparación. Reconocer implica que nos vean o vernos a nosotras mismas; implica que se den cuenta de qué nos causa daño, lo que da paso a empatizar y poder así actuar de forma diferente en otro momento para evitar crear más daño. El reconocer va ligado al cuidar, a ver, a dar espacio para ser, crecer y a la prevención. La reparación, en cambio, implica acciones directas y concretas para recomponer aquello dañado, que aunque reconocer ya es una manera de reparar, no es la única.

Agenciar toda la reparación a la persona causante. Aquí ocurre que cuando se le atribuye a alguien la causalidad, se le atribuye también la total reparación, como si la persona dañada fuera poco más que un mueble o algo que por si solo no tiene ninguna capacidad. Se puede ser el causante y aportar para repara, ¡como no! Y eso difiere de ser la única parte. Es más, si se espera que sólo se repare desde aquí, dificilmente sucederá. Al final de todo, quien tiene la potestad, voluntad y capacidad última para ser reparada es la propia persona, por lo que es imprescindible que asuma la parte que le pertoca.

Interiorizar el juez. ¿Quién no conoce esa voz crítica en su interior que machaca? Sí, ese juez interno que dictamina, nos sentencia y nos lleva a sentirnos fatal cuando nos leemos como culpables, afectando a nuestra identidad (soy malo/a) y a nuestra autoestima. Es más, hay gente que es muy comprensiva con otras personas y muy muy dura consigo misma, aplicando ese juicio sin mucho análisis y su correspondiente sentencia sin miramientos.

Estos son solo unos ejemplos a grandes rasgos de ciertas dinámicas que suelen darse, hay tantas como personas existen, por lo que si te ha resonado alguna y quieres aportar más matices o nuevas experiencias, ¡coméntanos! O si quieres comentarnos acerca de ésta concepción de la culpa llena de pecado, castigo, juicio,etc. ¡Nos encantará leerte!

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