Hablemos de salud mental

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Hoy 10 de Octubre se conmemora el día Mundial de la Salud Mental, este 2017 se centra concretamente en la salud mental en el trabajo.

En este día se celebran multitud de actividades para concienciar y sensibilizar sobre este tema, por lo general tan estigmatizado, pero que gracias al activismo de organizaciones como Obertament cada vez está cobrando más importancia en nuestra coherencia social. Consideramos muy importante que se aumente la visibilidad de este tipo de cuestiones de la salud y para ello, vamos a aportar nuestro granito de arena mediante este artículo.

Ante todo, en Indágora queremos ir con cuidado de no caer en los estereotipos normativos, en las etiquetas de “enfermedad mental” y nos sumamos a la multitud de organizaciones que quieren desestigmatizar y normalizar procesos mentales que las personas vivimos. Por ello, somos cuidadosas cuando hablamos de salud mental, ya que es muy fácil caer en dar por hecho tópicos generalizados sobre este tema y reforzar la visión sobre las personas que conviven con este tipo de procesos. También hacemos un llamamiento a evitar utilizar términos como “enfermo mental” en un contexto peyorativo, ya que perjudica ampliamente la visión que se tiene de este colectivo (en el cual todos podríamos estar en un momento u otro de la vida).

Cuando hablamos de salud, normalmente nos viene a la cabeza la salud física. Ésta se refiere al estado en el cuál el cuerpo está en la condición óptima para el buen funcionamiento de sus sistemas y como resultado obtenemos una situación de bienestar. La OMS (Organización Mundial de la Salud y máximo referente en estos términos) define salud cómo :

 

¿Qué se entiende por salud mental?

Primeramente hay que decir que no hay un consenso dentro la comunidad. Muchas voces críticas se han alzado en contra de este concepto, ya que implica el término enfermedad mental y todas sus consecuencias y estigmas, así que muchas voces han contribuido con su propia definición de Salud mental.

La Organización mundial de la salud (OMS) define la salud mental como:

“(…) un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad.”

Analizando esta definición, vemos que no es solamente ausencia de enfermedad o de síntomas como se puede llegar a simplificar, si no que postula y engloba varios aspectos:

  • Un autoconocimiento profundo y auténtico. Este aspecto nos recuerda a cuando hablamos de autoestima sana, aunque teniendo en cuenta que es solo una parte de ella.
  • Capacidad de afrontar situaciones potencialmente estresantes. Nos recuerda que en la vida existen situaciones que debemos manejar y el cómo lo hagamos es esencial, aunque cabe decir que el término “normal” suele diferir mucho dependiendo de quién lo utilice.
  • Capacidad de ser productivos. Considerando que estamos inmersos en una sociedad capitalista, se entiende que esta característica se valore y esté presente en la definición.
  • Contribuir a la comunidad. Multitud de autores en Psicología han remarcado la importancia del entorno social y de su influencia en nuestro estado mental.

Esta definición, si bien se ajusta a la idea que tenemos de salud mental, puede complementarse con otros factores importantes a tener en cuenta.

 

Redefiniendo el término: nuevas aportaciones

Cuando hablamos de salud mental nos referimos a que las personas tenemos ciertas capacidades y necesitamos desarrollar otras, todas aquellas que necesitemos para poder vivir en coherencia con quien somos: entre nuestro mundo interior (nuestros deseos, necesidades, anhelos,…) y nuestro mundo externo (la repercusión en nuestro sistema, las consecuencias sociales,…). En esta línea, el Dr. Ramírez- Mejía define la salud mental como “un estado de armonía y plenitud entre el aspecto intelectual y el emocional del cerebro y la persona.” Aquí encontramos justamente este aspecto tan importante: la relación de armonía entre mis diferentes procesos internos, los cognitivos (aspecto intelectual) y los emocionales. Y una vez estos están en coherencia, mis actos serán el reflejo de ello. 

Vivir siendo conscientes, teniendo en cuenta, responsabilizándonos, y amando ese mundo interior nos proporcionará un estado de coherencia necesaria para desarrollarnos de una forma adecuada para poder adaptarnos a lo que nos ocurre, una adaptación en el entorno en el que vivimos (bidireccionalmente) que nos proporcionará el terreno fértil donde poder desarrollarnos y vivir en bienestar.

 

Por otro lado, cabe deconstruir la noción de que la salud es algo presente o ausente. Entendemos este concepto más bien como un proceso que un estado. Es decir, no es que tengamos o no salud, si no que ésta es una capacidad inherente en nosotros y que dependiendo de ciertas circunstancias (internas y externas), obtendremos un resultado u otro. Entendemos por un proceso algo dinámico, que cambia a lo largo de la vida, de lo que nos ocurre, de nuestra propia estructura mental y de cómo afrontamos aquello vivido. Mientras que un estado, por su parte, es más bien algo fijo e inmutable, que suele estar presente o ausente, activado o desactivado. Por lo tanto, entendemos que la salud va ocurriendo a medida que hacemos cosas en su beneficio o en su perjuicio. Es como la salud física: dependiendo qué le estés aportando a tu cuerpo, su funcionamiento se decantará más hacia un lado o hacia otro. Si tenemos unos hábitos saludables (alimentación y deporte), obtendremos un estado físico óptimo. En cambio, si le aportamos una alimentación insana y sedentarismo, seguramente al cabo de un tiempo empezarán a aparecer ciertas disfuncionalidades en nuestro cuerpo. Entonces, a nivel mental, hay ciertos procesos que nos benefician y otros que nos perjudican. Y a la larga, aparecen los llamados síntomas.

 

¿Por qué es aún un tabú?

Hoy en día hablar sobre ciertos síntomas de una forma abierta nos lleva a exponernos al juicio e incomprensión de los demás, con su posterior repertorio de consejos para abordar nuestros síntomas. Existe cierta noción culturalmente construida de que la ansiedad, la depresión y otras dificultades del entorno mental se pueden resolver si le ponemos el suficiente empeño. Y si es verdad que la voluntad de superación es el combustible que nos empuja a superar ciertas dificultades, pero no es lo único que hace falta para superarlo. A veces necesitamos del apoyo de un profesional, esto es hacer psicoterapia, de la misma manera que después de un traumatismo podemos necesitar de un fisioterapeuta que nos ayude en nuestro proceso de recuperación y vuelta a la “normalidad”.

Recordamos aquí las necesidades básicas descritas por Maslow, psicólogo humanista, en dónde proponía la existencia de la necesidad de auto-realización en los seres humanos, entendida como auto-superación o auto-desarrollo. Existe en las personas una tendencia indudable de buscar su propio bienestar a través de múltiples factores (incluidas las terapias) que nos proporcionen ese estado deseado. Esta capacidad está presente en la mayoría de personas (y de sistemas naturales) y, aunque sea en pequeños gestos, consideramos que es vital para llevar a cabo cualquier proceso de salud.

Otro aspecto a tener en cuenta cuando hablamos del tabú en salud mental es el lenguaje utilizado para ello y cómo la sociedad ha construido qué se entiende por enfermedad mental. Partimos de que el lenguaje construye el mundo que percibimos, le da un sentido a lo vivido y nos da un marco en dónde compartimos los diferentes significados creados. Es decir, construimos socialmente qué es la salud mental a través de compartir impresiones, sensaciones, opiniones, conceptos, etc. Y poco a poco hemos ido generando toda una serie de nociones asociadas a éste termino.

Hagamos unas pruebas: ¿Qué imágenes saldrán en google si buscas “enfermo mental”?¿Qué imagen te viene a la cabeza si piensas en un “enfermo mental”?

Justamente esa imagen es el problema, esa es la dificultad en que nos encontramos todas las personas cada vez que estamos sumidos en un proceso lleno de síntomas ansioso, estados de ánimo depresivos, dificultades en nuestra relación con la alimentación o incluso problemas con la percepción de la realidad.

Por todo esto, creemos muy importante que días como hoy sigan existiendo y, sobretodo, que des de la Psicología sigamos focalizados en desestigmatizar la salud mental.

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