El laberinto de los celos

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Los celos, esa gran palabra que se nos atraganta en la boca cada vez que pensamos en relaciones no monógamas (o no), ese gran talón de Aquiles que nos impide disfrutar de los afectos, o de alegrarnos por la felicidad de nuestra(s) pareja(s), ese laberinto en el que nos adentramos por sus paredes llenas de emociones, y que a veces ¡se nos vuelve tan difícil la salida!

Una de las cosas que solemos ver trabajando con relaciones no monógamas en terapia es la exigencia de ser el “poliamor perfectx” como si hubiera un esquema de cosas que deberíamos ser y hacer para que la relación no monógama sea “pura” y esté bien hecha. A veces nos da la sensación de que vamos buscando el carnet de Poliamor que nos acredite como que todo lo estamos haciendo bien, todo perfecto y correcto, y en esa búsqueda nos negamos todos los procesos emocionales que nos están diciendo algoey para, que esto es nuevo y no se cómo integrarlo

Y es que, cuando hablamos de relaciones y emociones el concepto tras la palabra “compersión” suena maravilloso, pero no siempre es tan fácil de llegar a ella.

Compersión (si, está bien escrita!) se concibe como lo opuesto a los celos, se trata de esa alegría y felicidad que sientes cuando ves que la otra persona está feliz, porque alcanza sus objetivos en la vida o porque acaba de llegar de una cita que le ha dejado como si fuera todo un cuento Disney. Es esa emoción como el orgullo de padres y madres cuando sus criaturas logran objetivos o son felices. En nuestros vínculos puede ocurrir que en lugar de alegrarnos nos enfadamos, sentimos miedo, nos hundimos en la inseguridad y en las preocupaciones y no podemos disfrutar de su alegría…

Nos secuestran los celos y las emociones.

Los celos forman parte de nuestro emocionario (conjunto de emociones y sentimientos que experimentamos) y tiene diferentes lecturas dependiendo de cada persona. Son una compleja combinación de sentimientos, sensaciones, experiencias y reacciones puestas en marcha por unas emociones concretas.

Aunque tendamos a pensar en los celos solo dentro de nuestro mundo afectivo-sexual, los celos están presentes en  todos los ámbitos de nuestra vida, ya que se dan en una gran variedad de situaciones: en la familia, en nuestro ámbito laboral, con amistades, en el colegio, facultad o clase e incluso en nuestros hobbies. Así que si nos paramos a pensar en frío, probablemente encontremos situaciones en donde hemos sido capaces de acompañarnos de alguna forma en este sentir.

Los celos están socialmente construidos como una certeza de que se quiere a la otra persona, como la autenticidad de su amor (esto se enmarca dentro de los mitos del amor romántico: “si tiene celos es porque me quiere“) y también hay una idea social de que son algo negativo, algo que da hasta vergüenza mostrar y que se debe exterminar, ya que suele conllevar situaciones y sensaciones muy desagradables que nos cuesta vivenciar. Por tanto se conceptualizan como “son buenos pero solo en cierta medida”, “es señal de mi amor, pero lo paso fatal”. ¡Que paradoja!

Lo mal que se viven los celos

En muchos de los casos que vemos en terapia en donde los celos tienen que ver con el mundo afectivo-sexual se quiere dejar de sentir celos de inmediato. Esto se debe a que llegan a unos niveles demasiado intensos, llegando a interferir mucho en la vida y los viviendolos como muy intrusivos, hacen un campamento base en nuestra cabeza y estamos constantemente pensándolos, revisamos las redes sociales en busca de la comprobación de los miedos, sospechamos, nos alejamos, controlamos todo lo que se hace o dice…etc. Así es dónde se crea este clima tan característico de los celos: muchísima tensión, sospecha, comparaciones con el entorno, conductas de control, culpa, sensación de inferioridad, desvalorización, etc.

Según la R.A.E. los celos se definen como:

Sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra persona.

Según esta definición, los celos son producidos por lo que otra persona hace o dice, por lo tanto la causa es el otrx y, entonces el remedio lo situamos en los actos de dicha persona, “deja de salir con X”, “Hazme más caso”. Normalmente delante de los celos llevaremos acciones encaradas a que esta persona actúe y diga aquello que nos haga sentir mejor, o incluso hay quien tiene tendencia a alejarse del dolor potencial que esa situación puede causarle ya que vemos que será imposible modificarl los actos de esta persona.

Pero, resulta que los celos no se apaciguan por lo que la otra persona deje de hacer, cualquier cosa que haga se verá bajo las gafas de los celos. Con esta dinámica, cada vez se necesitaran más confirmaciones, y nunca estaremos del todo satisfechxs o tranquilxs, porque cada vez veremos más amenazas, peligros, se nos despertarán nuevos miedos ante nuevas situaciones, y así podríamos seguir desarrollando las mismas conductas aunque la otra persona intente remediarlo con multitud de actos. Estas conductas son la mejor respuesta que sabemos dar ante nuestros “fantasmas”, ante nuestro propio caos emocional y por tanto será las que pongamos en marcha cuando nos sintamos secuestradxs por los celos.

Lo que las demás personas hagan pueden ser detonantes de nuestras emociones bajo la palabra celos, pero la verdadera causa no está en lo que hagan o dejen de hacer, solo se potencian con determinados actos o detalles. Controlar a la otra persona es una trampa para mí mismx y también es una trampa para dejar de sentir celos, si no funciona esto ¿qué podemos hacer?

¿Qué hacemos con los celos?

Desde Indàgora proponemos un taller “El laberinto de los celos”, para lograr una visión alternativa a esta concepción de los celos, saliéndonos de la idea de eliminarlos de nuestras vidas para poder estar mejor. En contraposición, lo que queremos lograr es poder escuchar qué nos dicen, comprender sus entramados caminos y ver qué nos ocurre y así poder desde mi propia herida realizar acciones diferentes, activamente elegir el sendero para poder alcanzar cierta tranquilidad en las relaciones. Para trabajar los celos sugerimos ponernos a nosotrxs mismxs en el centro, en lugar de qué hace o qué no hace la otra persona. Si partimos de que los celos no son por lo que la otra persona hace, sino por mi propia herida emocional, mis carencias, mis experiencias y aprendizajes, será necesario darnos cuenta de dónde vienen y qué remueve en mí para poder llegar a vivir con esta emoción.

Con esta idea vamos a las siguientes definiciones de “celo” por la R.A.E.:

Cuidado, diligencia, esmero que alguien pone al hacer algo.
Interés extremado y activo que alguien siente por una causa o por una persona.

Es decir, los celos se tratan de un auto-cuidado, un interés por una causa propia, que traducimos como la protección de nuestras vulnerabilidades. Según el libro “De la codependencia a la libertad” de Krishnananda existen una capa de protección y una capa de vulnerabilidad:

  • La capa de la protección: Es el cobijo de nuestros miedos. Se trata de todas estas conductas y actitudes con las que tapamos y protegemos nuestros miedos e inseguridades. Es a lo que recurrimos habitualmente, la mejor manera de buscar una solución a los celos. Krishnananda dice “Cuando queremos influir en la otra persona de cualquier forma o cambiarla, estamos en esta capa, no en la de vulnerabilidad. Esto incluye tener expectativas, exigencias, intentar controlar, manipular, culpar, decir algo sarcástico, cortarla o juzgarla. En este trabajo tratamos la capa de protección sin enjuiciarla ni intentar cambiarla, sino, simplemente haciéndonos consciente de ella, para aceptarla y para darnos cuenta de cómo y por qué se ha formado.”
  • La capa de vulnerabilidad: el hogar de nuestro niñx heridx y asustadx. Es la energía vital, las emociones en estado puro, que pueden ser dañadas en diferentes circunstancias como cuando nos descuidan, nos reprimen, nos imponen, etc. Cuando esto ocurre la confianza se ve alterada en tí mismx y en el mundo que te rodea, de esta manera enterramos nuestros sentimientos, los juzgamos y queremos eliminarlos. Cuando la vulnerabilidad existe con la confianza es maravilloso, pero sin confianza produce miedo. Según Krishnananda “nuestra vulnerabilidad está cubierta por una capa de vergüenza y shock, enterramos nuestros sentimientos acallados, no experimentados y nuestra viveza cubiertos por culpa y miedo.”

Nuestra propuesta se centra en no demonizar los celos ni avergonzarnos de ello, sino comprenderlos como parte de nuestra herida, de nuestro proceso. Con esto podremos usarlos como una oportunidad de reparar algo, de construirnos diferente, con más recursos frente a las relaciones.

Es un trabajo de revisión personal, pero dentro de una red afectiva que nos cobija en este camino. No avergonzarnos ni demonizarlos pasa tanto por una auto-aceptación como por un acompañamiento afectivo dentro de la ética de los cuidados de las personas que nos rodean. Destruyamos los carnets de poliamor y las no responsabilizaciones de los celos ajenos, construyamos una visión más humanas de nuestras emociones y acompañémonos haciéndonos aliadxs de ellas, no enemigxs

el 27 de Enero también participaremos en las Jornadas de Amors plurals con un taller enfocado a escuchar y gestionar los celos, ¡no te pierdas la programación en su página web!

Una respuesta

  1. […] una luz que indica que algo en el interior no está funcionando del todo bien. Consideramos los celos como la demostración de miedos propios e inseguridades, los cuales se despiertan en ciertas […]

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